Fracasa el juicio político al Presidente

Luis Britto García

1 El Congreso oligarca intenta un juicio político contra el Presidente electo, se coloca bajo la protección de un general, crea una milicia paramilitar que dispara contra los ciudadanos. El adiposo congresista a veces conservador y a veces liberal Juan Vicente González saca un papel manchado de grasa donde el general José Antonio Páez los insta a resistir como romanos. El pueblo indignado irrumpe en la Asamblea, y se traba en riña con los diputados que secuestran al ministro Sanabria. El diputado Palacios huye, y cuando González lo insta a que los defienda, Palacios grita: “-¡No joda! ¡Yo no soy romano sino llanero del Mijagual, y no peleo enchiquerado!”. Un diputado oligarca pide la absolución a un cura, y éste le contesta: “¡Ego te absolvo, pero corre, pendejo!”. El pueblo va a apalear a González, un diputado liberal lo salva: “-¡A Tragalibros no! ¡A Tragalibros no le hagan nada, que él me educa los muchachos!”. Silverio Galarraga esgrime un trabuco y lo pone en el pecho del doctor Francisco Díaz, mientras le grita: “-¡Tú me sentenciaste a muerte! ¿Recuerdas? Ahora, prepárate a morir.” Esto sucede el 24 de enero de 1848. Entra en la sala el presidente constitucional de la República, José Tadeo Monagas. El tumulto se apacigua como por arte de magia.
2 En la calle yacen tres ciudadanos muertos por los paramilitares, en el recinto tres congresistas muertos por el pueblo. Monagas desecha los consejos de asumir la dictadura; convoca de nuevo a sesiones, y el Congreso se reúne, presidido por Juan Vicente González, quien no puede resistir una cachapa con queso ni un cargo. El general José Antonio Páez, que había movido los hilos de la conspiración, se alza solo para ser derrotado ignominiosamente, y pasar de León de Payara a Rey de los Araguatos. Recibe su rendición un joven oficial que ha comandado insurrecciones agrarias, Ezequiel Zamora.
3 El ansia de poder de los oligarcas los llevará todavía a aupar dos dictaduras que serán consecutivamente derrotadas, la de Julián Castro y la de José Antonio Páez. Ambas son apoyadas por la Embajada de Estados Unidos en defensa de las transnacionales que explotan el guano. La intransigencia de la oligarquía causa la Guerra Federal y su derrota en ella. “Termino mi autobiografía donde debí concluir mi carrera política”, escribe desencantado el viejo centauro al clausurar sus memorias con la Batalla de Carabobo. Al servicio de la oligarquía ha perdido a su amada Barbarita Nieves, a quien siempre despreciaron los godos, y una parte de la gloria que le ganaron sus lanceros. La oligarquía perderá para siempre los poderes absolutos, que intenta recuperar cada vez que se olvida de la Historia.
PD: El próximo sábado 12 en la Filven presentamos La mano visible del mercado: Guerra económica en Venezuela, de Pasqualina Curcio. No se lo pierdan.

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Acerca de juanmartorano

Abogado Revolucionario, comprometido con la Revolución Bolivariana y Socialista y Hugo Chávez.
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